LORENZO SILVA APUESTA POR SANTANA Y VÁZQUEZ

CRÍTICA DE LORENZO SILVA PARA EL PERIÓDICO EL MUNDO

LIBRO | ‘Curvas peligrosas’

Chicas nuevas en la oficina

  • El libro es una mirada renovada a un espacio mítico del género como Barcelona
  • Rebeca y Miriam son la primera pareja femenina de la novela ‘negra’ española

Lorenzo Silva | Madrid

Actualizado lunes 03/01/2011 11:46 horas

Hace ahora algo más de medio siglo, el maestro Raymond Chandler escribía: “El crítico común jamás reconoce un mérito, cuando existe. Lo explica cuando se ha vuelto respetable”. Con esta frase, naturalmente, se defendía de la mezquina tibieza y la intolerable lentitud con que los críticos constataban su propio talento, pero eso no quiere decir que sus palabras no resultaran atinadas.

Portada de 'Curvas peligrosas'.Portada de ‘Curvas peligrosas’.

Desde que las leí, empecé a pensar que lo que distinguía a un crítico de fuste era apostar por un autor antes de que se hubiera ganado el crédito general. Ésa es una de las razones por las que le tengo un respeto indestructible, por ejemplo, a Ricardo Senabre. Y no tanto porque aplaudiera mi primera novela, publicada en una pequeña editorial por un absoluto desconocido, sino porque le he visto hacer lo mismo con otros escritores, de similar extracción, en un buen número de ocasiones.

Esto no es una reseña, ni servidor un crítico, pero se trata de hacer una apuesta, al ‘chandleriano’ modo. Es decir: de señalar lo bueno según surge, aunque por ahora no se haya convertido en algo respetable, ni siquiera, hasta donde me consta, en algo medianamente conocido para los lectores del género.

La autora se llama Susana Hernández; el libro, ‘Curvas peligrosas’ y la pequeña editorial que lo publica, Odisea. Hace unas semanas me hicieron una de esas preguntas insidiosas, que uno preferiría no contestar: las tres mejores novelas negras de este 2010. Por debilidad y amistad, respondí, aunque sin pretender otra cosa que señalar las tres que más me habían llamado la atención, porque de lo otro me juzgo incapacitado para expedir certificados. Y una de las tres que dije fue esta novela, de una autora a la que antes de este año ni siquiera conocía.

No es que no advierta en ‘Curvas peligrosas’ aspectos cuestionables. Todos los libros, incluso los más excelsos, los tienen para cualquier lector que no esté aturdido por alguna clase de fanatismo o de sustancia psicotrópica. Para atestiguar la sinceridad y desapasionamiento de estas líneas, no me privaré de exponer los que le veo yo: Susana Hernández acaba de descubrir a sus personajes, les está probando las fuerzas y en ese ejercicio descuida levemente en algún momento el trazo de lo que hay alrededor (la trama criminal, los procedimientos policiales) y cede a algún estereotipo (como el de la ‘femme fatale’, aunque se nos muestre saludablemente reinventado desde la perspectiva lesbiana de la protagonista).

También se crea un escollo, nada baladí para este lector, en lo relativo al contexto narrativo: sus investigadoras, la subinspectora Rebeca Santana y la inspectora Miriam Vázquez, lo son del Cuerpo Nacional de Policía, e investigan homicidios en Barcelona, donde ese cuerpo policial no tiene desde hace años la competencia de seguridad ciudadana.

Pero dicho esto, leyendo a Susana Hernández uno siente que está leyendo algo verdaderamente nuevo y bueno. Hay competencia y pericia en el dibujo de situaciones, conflictos y personajes, que presentan dimensiones complejas y nos interesan. Nada menor es ese acierto de crear la primera pareja (que yo sepa) de investigadoras femeninas en la literatura española. Y lo es porque tanto una como otra, la joven y atraída por el propio sexo (Rebeca) y la veterana y escarmentada pero no disuadida de desear al sexo opuesto (Miriam) tienen detrás una biografía, un carácter, y ambos aspectos se perciben, intensos y persuasivos, en cada uno de sus actos y cada una de sus palabras.

Las flaquezas de este libro, con tales mimbres, poco pesan al lado de sus fortalezas: la mirada actual y renovada a un espacio mítico del género como es Barcelona (en toda su extensión, desde la periferia trabajadora, origen de Rebeca, a la parte alta que es el territorio de Miriam), la escritura cuidada y precisa, o la indagación enjundiosa de tensiones y sentimientos cotidianos, como los que implican las relaciones de pareja o familiares, y que demasiado a menudo llevan al desvío excepcional del crimen. Y en medio de todo, la búsqueda de un espacio habitable, entre su propia afectividad y la exigencia del trabajo, de una mujer profesional en un entorno dominado por los varones.

Estoy convencido de que Rebeca y Miriam, que empiezan bien, van a ir a más. Incluso aunque no se vistan de “mossas d’Esquadra”, como me exige mi acaso trasnochado sentido de la verosimilitud. En esas cuestiones, la autora manda.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/01/03/novelanegra/1294051134.html

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