GETAFE/MADRID NEGROS E INTENSOS

No sé muy bien por dónde empezar. Lo mejor, dice el sentido común, es por el principio. De acuerdo, eso haré. Seguiré un orden cronológico para no perderme, y sobre todo para no dejarme en el tintero casi nada de lo vivido estos días frenéticos. Madrid suele ponerme de buen humor. Es lo que pasa con lo ajeno, que casi siempre parece más lustroso que lo propio, o al menos más interesante. De pequeña, los padres y los hermanos de mis amigos se me antojaban más simpáticos, modernos y graciosos que los míos. Con Madrid me pasa igual. Probablemente porque no vivo allí y no sufro día tras día su tráfico demencial. Mis días en Madrid tienen el encanto de lo que no es cotidiano. La primera impresión de este viaje que me viene a la cabeza es la imagen de Lorenzo Silva y Vanessa Montfort en la puerta de la sede de Cultura Africana donde se celebra la mesa de Getafe Negro. Silva impresiona por su voz radiofónica, Vanessa por su altura y su melena. Menos mal que aparece David Barreiro. Parece al principio más callado, pero cuando habla dice cosas de calado. Coronan el acto, Javier Puebla y su sombrero. Y allí estoy yo, sobre unos tacones traicioneros, buscando palabras que definan mi novela sin parecer ni demasiado pedante, ni excesivamente boba. El acto termina sin daños irreversibles para mi autoestima. Por la noche, cena en el mexicano de Chueca que se ha convertido en tradición cada vez que piso Madrid. El sábado pinta tranquilo, excursión a la Jarosa y el partido del Barça en una cafetería de Guadarrama con un sorprendente número de aficionados barcelonistas que por un momento me hacen dudar de dónde me encuentro. Domingo por la mañana y rastro, cómo no. Mucha gente, calor y frío a ratos, y unas tostas espléndidas. Tarde de teatro en Getafe. Muy emotivo y logrado el homenaje radiofónico a Miguel Hernández que tenemos el placer de compartir con Lorenzo Silva y miembros del ayuntamiento de Getafe. Silva, amable y cercano, nos hace de cicerone por la ciudad. Vuelta a Madrid en tren y más tostas. El lunes a primera hora entrevista telefónica. Después visito la sede de Conoceralautor, un poco nerviosa y maquilladísima que ya se sabe que la cámara no es precisamente compasiva con los defectos. Al mediodía parrillada en una terreza-jardín del centro, tarde en la tetería de los baños árabes y por la noche un bocadillo de calamares que cuesta un horror de tragar. Llega el martes, último día de estancia, y posiblemente el más cargado de compromisos. Empezamos el día de la mejor manera posible, en el homenaje a José Luis Sampedro en la Universidad Carlos III de Getafe. Escuchar a Sampedro es un lujo. Dice verdades como puños que tres días después siguen resonando en mi cabeza como el eco de un trueno. Vuelta a Madrid a toda prisa. Quedo por fin con Mónica Martín, ex compañera de escudería en Lesrain. Intercambiamos firmas de nuestros libros y charlamos un rato. La próxima vez, toca una caña o dos. Otra entrevista telefónica, y corriendo al centro. No conocía el Hotel de las Letras. Allí charlo un buen rato con Antonio Gómez Rufo, hombre lúcido y tranquilo por quién siento un aprecio especial. Sin dejar de correr, al hotel a por las maletas y viaje de regreso.  Aquí nos recibe el mar. Qué bueno es cambiar de ciudad de vez en cuando, y qué reconfortante volver a casa.

Los que me recriminan que mis posts son muy cortos, hoy sufrirán sobredosis.

Besos a todos.

 

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