HORTERAS DE BOLERA

Todos recordamos canciones espantosas, con sus correspondientes espantosos bailes, tipo “Macarena”, o remontándonos unos cuantos años más atrás “Los parajaritos” de María Jesús y su acordeón, y por supuesto, el inefable Georgie Dann; el hombre pesadilla que logró que odiase de por vida la canción del verano. Pues bien, todos ellos, y muchos otros de cuyo nombre no me quiero acordar, eran alumnos aventajados de los Stones en comparación con Rodolfo Chikilicuatre. La expresión “vergüenza ajena” se queda cortísima para expresar el bochorno de ver a semejante payaso cacareando (cantar es otra cosa completamente distinta) una letra que podría estar escrita por mi sobrinito de tres años. La historia tendría un pase si el humorista David Fernández, alter ego de Chikilicuatre, y Andreu Buenfauente (cabeza pensante de esta penosa movida) se hubieran limitado a crear un personaje friki y hortera de bolera para consumo exclusivo de su audiencia. Con no ver el programa, sería suficiente. Pero no contentos con las migajas de la audiencia que con los que hoy por hoy debe conformarse La Sexta, Buenfuente y sus secuaces, ambiciosos ellos, o borrachos de ego, quién sabe, han lanzado sus redes mucho más allá de una cadena minoritaria, fijándose como objetivo representar a España en el festival casposo por excelencia, Eurovisión. Y lo han conseguido gracias a los votos de internautas y al apoyo de TVE. ¿Cabe extraer alguna conclusión de esta elección tan absurda como sorprendente? ¿Será el Neng el próximo ganador del Premio Planeta? ¿Quizás El Follonero suceda a Luís Aragonés como nuevo seleccionador nacional de fútbol? No sería sorprendente, visto lo visto. Basta con orquestar una sonada campaña mediática. De hecho Buenafuente se saca cada Sant Jordi un jugoso sobresueldo con los dividendos de sus libros de monológos escritos por los avispados guionistas de El Terrat. Eso es trabajo en cadena; los empleados escriben y el boss pone la foto y el nombre en la portada del libro.
Es lógico que los Buenafuente Boys hayan pensado que todo el monte es orégano y anden empeñados en convertir el intrusismo profesional en una espléndida manera de montarse en el euro.
Habrá quién diga que no tiene tanta importancia, que al fin y al cabo, Eurovisión es un festival pasado de moda, politizado y con escaso nivel musical, y es cierto, pero si yo me dedicase a la música de manera profesional o aspirase a hacerlo me daría de cabezazos contra la pared de ver que un personajillo patético que apenas berrea representará a España en Eurovisión. Iniciativas de este calibre hacen que Operación Triunfo casi parezca el conservatorio musical de Viena, y es que si Rodolfo Chikilicuatre marca el rasero del nivel musical de este país, me nacionalizo andorrana mañana mismo.
Nunca creí que diría esto, pero echo de menos a Rosa de España y su “Europe living a celebration”, y hasta a Remedios Amaya y a la barca con la que naufragó allá por los 80. Al menos eran cantantes que es lo menos que se espera ver y oír en un festival musical. Mi único consuelo es que El Chiki Chiki se quede con cero puntos en el casillero y expulsen a España del festival de una vez por todas. Sería un enorme alivio.

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