FRIKILANDIA
Hoy me he dado cuenta de que soy más inocente que el abuelo de Heidi. Creí que con el festival de Eurovisión la cuota de frikis anual estaba más que cubierta. Pues no, de eso nada. Aún estoy asimilando que desde esta mañana soy una sufrida habitante más de Frikilandia, el país anteriormente llamado España. En este nuevo territorio tan desdibujado como vomitivo, la abeja reina, Aída Nizar (seudofamosa de la factoría Gran Hermano), firma ejemplares tan campante en la Feria del Libro de Madrid. El libraco en cuestión se llama “Aída Nizar se confiesa”. ¿Acaso alguien en su sano juicio puede tragarse que esta tiparraca con modales de verdulera sea capaz de juntar las palabras necesarias para redactar una frase? Claro que eso es lo de menos, cualquier periodista coleguilla de la prensa rosa le habrá hecho de negro a cambio de un buen fajo de euros. Aída sólo tiene que sonreír y buscar polémica, que en eso no hay quién le tosa. Al César lo que es del César. Al hilo de las polémicas, acabo de leer un incidente ocurrido en la caseta de la ínclita en la Feria del Libro en la que un supuesto caballero anónimo arremetió contra ella a gritos de “Escritora de pacotilla”. Terrible insulto, desde luego, sobre todo para un personaje que tiene de escritora lo que yo de bailarina de claqué. Lo interesante del caso es que el rifi-rafe de Aída con este señor le está proporcionando publicidad gratuita al libro, y coloca de nuevo a su protagonista en las páginas de los periódicos. ¿Casualidad? ¿Era virgen la Virgen María? Dicen que las cifras de lectura en España han mejorado, y eso es buena noticia a medias: en primer lugar porque era casi imposible que empeorasen, a menos que la comparación sea con países del tercer mundo en los que lamentablemente tienen problemas mucho más graves que los índices de lectura y en segundo lugar porque si son “libros” como el de Aída Nizar los responsables del aumento de lectores, tengo previsto encabezar una campaña a favor la práctica de la petanca y del punto de cruz. Practiquen lo que quieran y con quién quieran, y si se deciden a leer elijan libros de autoyuda, novela negra, cómics, novelas románticas o históricas, biografías de actrices o la guía telefónica de Mérida; paseen por la feria del libro de Madrid o la de su barrio, charlen con los autores, háganse fotos, compren y disfruten, pero por favor releguen a personajes de la calaña de Aída Nizar a los platós de televisión, hagánlo por el equilibrio mental y cultural del país anteriormente llamado España.
